Residencias reales en Madrid

Palacio Real de Madrid

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El Palacio Real de Madrid es la residencia oficial del rey de España. Su construcción comenzó en 1738 según planos del arquitecto Filippo Juvara y de la adaptación que de estos hizo su discípulo Juan Bautista Sachetti. Francesco Sabatini se encargó de su conclusión, así como de obras de reforma, ampliación y decoración. Está considerado como el mayor palacio real de Europa Occidental en cuanto a extensión, con 135.000 m² y más de 3.000 habitaciones. Alberga un importante patrimonio histórico-artístico, entre el que se encuentra el quinteto de los Stradivarius Palatinos, la colección más importante del mundo de estos instrumentos.

Además de ser la residencia oficial del monarca actual, fue asimismo la morada habitual de los reyes de España hasta 1931. En el edificio continúan celebrándose recepciones, actos oficiales y grandes ceremonias de estado, si bien la residencia privada de la familia real es el palacio de la Zarzuela, donde los actuales monarcas se instalaron tras su matrimonio en 1962, renunciando el rey Juan Carlos I a vivir en el Palacio Real.

El último monarca que vivió en palacio de manera continua fue Alfonso XIII, aunque Manuel Azaña, presidente de la Segunda República, también habitó en el mismo, siendo por tanto el último jefe de Estado que lo hizo. Durante ese periodo fue conocido como Palacio Nacional. Todavía hay una sala, al lado de la Real Capilla, que se conoce por el nombre de "Despacho de Azaña". Otra de las denominaciones empleadas para referirse al edificio es la de Palacio de Oriente.

El interior del palacio destaca por su riqueza artística, tanto en lo que se refiere al uso de toda clase de materiales nobles en su construcción como a la decoración de sus salones con obras de arte de todo tipo, como las pinturas de artistas de la talla de El Greco, Rubens, Caravaggio, Velázquez, Goya, frescos de Corrado Giaquinto, Tiepolo, Mengs, Bayeu, Maella, etc. Otras colecciones reales de gran importancia histórica y artística que se conservan en el edificio son las de la Armería Real, tapices, porcelanas, relojes, mobiliario, etc.

Actualmente Patrimonio Nacional, organismo autónomo dependiente del Ministerio de la Presidencia, gestiona los bienes de titularidad pública puestos al servicio de la Corona, entre ellos el Palacio Real.

Historia

La primera construcción en el lugar se remonta al siglo IX, cuando el emir cordobés Muhammad I mandó construir un alcázar de carácter defensivo en un altozano desde el que se dominaba el valle del río Manzanares.

Tras la conquista cristiana del enclave por parte del rey Alfonso VI en 1085, el primitivo alcázar fue ampliado y reformado sucesivamente a lo largo de los siglos por las diferentes dinastías reinantes, conservando el término de origen árabe de alcázar. En tiempos de Felipe II sería la sede de la corte imperial, una vez que el monarca convirtiese a Madrid en capital del imperio en 1561.

El antiguo Alcázar de los Austrias sucumbió en la Nochebuena de 1734, reinando Felipe V, a causa de un incendio que se había originado en las habitaciones de un criado del pintor francés Jean Ranc.

En los Anales de Madrid se recoge el suceso de la siguiente manera: "El viernes 24 de diciembre de dicho año de 1734, día de Noche Buena, antes de las doce de la noche, se pegó fuego por parte del Parque en el Palacio de S. M. y estuvo ardiendo quasi cuatro días y se quemó mucha parte de él y la Capilla y se perdieron muchas alhajas y papeles y perecieron muchas personas en el incendio". En la Historia de Madrid en forma de anales 1644-1766 se narra así: "La Nochebuena día 24 de diciembre de este año (no se sabe a qué hora ni cómo), se prendió fuego en el Real Palacio de Sus Magestades, quienes vivían entonces en el Buen Retiro y no cesaron sus llamas hasta primero de enero del año siguiente y el fuego hasta más de un mes. No tiene guarismo el importe de lo que pereció en el fuego, aunque mucho se libró, habiendo concurrido para esto todas las religiones. Trabajaron dos años en sacar sus ruinas, habiendo traído para esto un regimiento de suizos (…). Sacaron de dichas ruinas algunas alhajas".

Juvara

El rey Felipe V se debatía entre Francia e Italia a la hora de elegir al arquitecto que llevase a cabo el grandioso proyecto, pero dada la probable influencia de su primera esposa, la reina Maria Luisa, italiana, y la imposición de esa arquitectura en otras cortes europeas como la rusa, alemana y polaca hicieron que el monarca se decantase finalmente por la designación del italiano Felipe Juvara.

El rey quiso que se erigiese su nuevo palacio en el mismo lugar del destruido Alcázar de los Austrias, simbolizando así la continuidad de la monarquía española con la recién instaurada Casa de Borbón. En 1735, una vez instalado en Madrid, Juvara procede a realizar una ingente labor de estudios previos y trabajo que se materializaría en una maqueta actualmente desaparecida. Su grandioso palacio de masas horizontales y cuya planta hubiera duplicado a la de Versalles, estaba destinado para los "altos de San Bernardino", actual barrio de Argüelles. En efecto se trataba de un monumental proyecto que hubiese contado con 1700 pies de fachada (480 metros); 34 entradas, 23 patios y diversas dependencias anejas.

Entre la muerte de Juvara y la designación de Juan Bautista Sachetti existió un proyecto para el palacio de Pedro de Ribera, maestro mayor de las obras municipales de la villa y corte, el cual fue desestimado.

Sachetti

Cuando Juvara fallece en 1736 y después de las gestiones realizadas en Italia para encontrar un sustituto, entre los que se barajaron diferentes candidatos (dos de los cuales declinaron la oferta), finalmente se optó por un discípulo de Juvara, Sachetti, como el encargado de dirigir las obras. Este se vio obligado a modificar los planos de su maestro debido al emplazamiento definitivo escogido por el rey, asimismo tendría en cuenta las sugerencias del propio monarca y de la junta de obras y mantendría otras soluciones de Juvara. Proyectó en vertical lo que Juvara había planeado en horizontal, para lo cual amplió a seis los tres pisos propuestos por Juvara, recurriendo para ello a los entrepisos, frecuentes en la arquitectura italiana. A pesar de estos cambios la composición y la ordenación de los miembros no varió sustancialmente de uno a otro; el zócalo almohadillado, la alternancia de frontones, el orden gigante, la balaustrada con jarrones y esculturas.

Una vez decidido el emplazamiento, Sachetti procede a agilizar las labores de desescombro y limpieza del solar, trabajos que se iniciarion el 7 de enero de 1737 y cuya vigilancia fue llevada a cabo por soldados suizos llamados de arregger. Para las obras de demolición de las ruinas, Sachetti informó lo siguiente; "se necesitan 1800 hombres de trabajo, incluso los oficiales albañiles y carpinteros que corresponde y excluyendo los canteros y sus peones, para poderse empezar a macizar cimientos a principios del mes de marzo de este año de 1738".

El 5 de abril de 1738 se coloca la primera piedra en el eje central de la puerta principal de la fachada sur, a unos once metros de profundidad, formada por un gran sillar de granito ahuecado en cuyo interior se colocó una caja de plomo en la que se guardaron muestras de cada una de las monedas en circulación legal en aquel momento. En las caras exteriores del sillar se labró la siguiente inscripción:

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El arquitecto Sachetti realizó una serie de muros de contención con el objetivo de nivelar la pendiente hacia el campo del moro y sobre esa gran terraza planteó una estructura de planta cuadrada centrada por un gran patio también cuadrado y resolviendo los distintos ángulos con cuerpos salientes que se asemejan a los tradicionales torreones de los alcázares españoles.

Si bien el arquitecto principal del palacio fue Sachetti, a sus órdenes trabajaron otros arquitectos, destacando entre ellos Ventura Rodríguez.

Sabatini

A partir de 1760 Francesco Sabatini sustituye a Sachetti en la dirección de las obras del palacio, después de que Carlos III ascendiese al trono de España, y que dará el impulso definitivo a las obras.

Sabatini, ante la falta de espacio para las secretarías de Estado, archivos y dependencias varias, recibió el encargo de ampliar el edificio. Su idea original era encuadrar la plaza de la armería con una serie de galerías o arcadas donde alojar las diferentes dependencias, así como la construcción de dos alas a lo largo de la citada plaza, de las cuales solo se concluyó la prolongación de la torre sureste conocida como "ala de San Gil" (hecha a partir de 1772), quedando la suroeste por hacer. Por otra parte, también planeó extender la fachada norte mediante una gran edificación que repetía el mismo estilo del edificio y que incluía tres patios cuadrados de dimensiones algo menores que el gran patio central. Las obras de esta ampliación comenzaron rápidamente pero pronto fueron interrumpidas, quedando sus cimientos enterrados bajo una explanada sobre la que posteriormente se construyeron las caballerizas reales, las cuales fueron demolidas en el siglo XX para ser reemplazadas por los jardines de Sabatini.

El palacio no pudo ser habitado hasta 1764, reinando Carlos III, cuando se terminaron las obras interiores, aunque todavía faltaba la decoración de algunos salones. La construcción principal duró por lo tanto veintiséis años, pero las obras complementarias continuaron durante los sucesivos reinados hasta la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, madre de Alfonso XIII, cuando se terminaron en 1892 las arcadas o galerías laterales que cierran la plaza de la armería.

Otros proyectos no realizados

Aparte del monumental plan de ampliación de Sabatini del que solo se llevó a cabo una pequeña parte, también existieron otras propuestas en el siglo XX.

Hacia 1943 el arquitecto Diego Méndez propuso la conclusión del ala suroeste, paralela al "ala de san gil" y que ya había sido planeada en el siglo XVIII por Sabatini. La maqueta puede contemplarse hoy por hoy en el propio Palacio Real.

En otra maqueta expuesta en la Catedral de la Almudena, Fernando Chueca-Goitia planteó en la década de 1950 la prolongación de las arcadas de la plaza de la armería hasta unirse con la catedral, unificando así todo el espacio existente entre el palacio y el templo, suprimiendo para ello la actual verja que cierra la plaza.

El edificio

Juvara se inspiró en el proyecto irrelizado de Bernini para el Palacio del Louvre en 1665. De este antecedente tomó la disposición general de los volúmenes, así como la configuración del edificio en su función no sólo de residencia de reyes, sino también de conjunto cortesano con sus distintas necesidades, además de tener en cuenta las instalaciones administrativas.

Sus fachadas exteriores constan de dos cuerpos: un zócalo almohadillado en la base y, sobre éste, se dispone un cuerpo superior de dos pisos con una serie de gigantescas pilastras de orden toscano y en la parte central así como en los ángulos salientes de las cuatro fachadas, pilares de orden compuesto, el edificio se remata con una cornisa y balaustrada. Ante la fachada principal (fachada sur), de 130 metros de largo por 33 de alto, se extiende una explanada que conforma la Plaza de Armas, similar a la del incendiado alcázar. El palacio tiene un total de 870 ventanas y 240 balcones que se abren a fachadas y patio.

Las diferentes estancias están distribuidas en torno al gran patio central, con un pórtico de arcos entre pilastras dóricas sobre las que se situa una majestuosa galería acristalada con pilastras jónicas entre las arcadas. Esta distribución ideada por Sachetti es distinta a la planeada por Bernini para el proyecto del Louvre.

Para su construcción se utilizaron ladrillos, piedra berroqueña de Guadarrama y caliza de Colmenar de Oreja. Los mármoles provenían de Portugal e Italia, si bien la mayoría de los materiales fueron españoles como el pedernal, el granito, la caliza, etc., que se extrajeron principalmente de los alerededores de Madrid y los mármoles y jaspes de Guipúzcoa, Cataluña, Valencia, Andalucía y Extremadura. El hierro era vasco y el cobre de Coquimbo (Chile).

Es necesario destacar el acierto en la utilización de la piedra blanca de Colmenar para los elementos que destacan del fondo liso de los muros, esculturas y ángulos del piso principal sobre todo. De las cálizas sorprende la variedad rosada de Sepúlveda y la de San Agustín de Guadalix.

Asimismo se emplearon maderas de las Indias Occidentales, pino de Cuenca y Soria, caoba y otras maderas preciosas procedentes de América en su totalidad. La madera se utilizó solamente en puertas y ventanas para evitar nuevos incendios.

Al estar situado el solar del palacio sobre un terreno con pronunciadas pendientes sobre el río Manzanares, fue necesario crear un todo un sistema de contrarrestos por dos de las fachadas; la occidental y la septentrional. Por ello existen una serie de plataformas escalonadas, que tuvieron que ser construidas por el lado de poniente mediante un sistema interior de abovedamientos que prácticamente llega hasta el río.

El benedictino Fray Martín Sarmiento, ideó el programa escultórico que comprendía 94 estatuas de los diferentes reyes de España y emperadores romanos, destinados a decorar distintos puntos de las fachadas, aunque su proyecto quedó muy reducido en su expresión final. Carlos III ordenó la retirada de las mismas por real orden de 8 de febrero de 1760.

Escalera Principal

Mención especial merece el tema de la escalera principal del palacio, uno de los proyectos no realizados fue el de Sachetti, quien respetó la composición original de Juvara a partir de dos escaleras que se elevaban en direcciones opuestas desde el mismo origen. Juvara había ideado que la escalera ocupase completamente una de las alas del edificio, en torno al patio central aunque desplazada hacia un lateral como en Versalles.

Sachetti realizó una serie de diseños para la escalera cambiando su ubicación, destacando los de 1738, 1741, 1742 y 1743. Incluso en 1745 se envió la propuesta a Roma para que un tribunal formado por arquitectos la juzgase y si bien recibió favorables críticas, las intrigas cortesanas y el deseo de los reyes de contar con una de las escaleras más espectaculares de Europa, llevó a Felipe V a convocar un concurso de ideas en 1746 en el que participaría el propio arquitecto.

La actual escalera, de tipo imperial y suave pendiente, es más sencilla que la proyectada por Sachetti y fue concluida y diseñada por Sabatini quien tomó como modelo la del Palacio de Caserta, pero respetando la impresionante caja construida por Sachetti. Esta, parte de un solo tiro de arranque hasta el gran rellano central, donde se divide en dos tramos paralelos que suben en sentido inverso al primero.

La reforma se realizó por expreso deseo de Carlos III en 1765, a quien, con la escalera de doble ramal propuesta, le parecía inadecuado el ingreso a las habitaciones reales, ya que el resultado hubiese sido un pasillo oscuro que desde la escalera daba paso a los salones oficiales. Además, con esta modificación, se podía usar el espacio o caja de escalera del ramal cegado para construir un gran salón de baile.

En época de Carlos IV, Sabatini recibió en 1789 la orden de trasladar la escalera de sitio, concretamente al lado opuesto, el derecho, para que estas comunicasen más directamente con sus aposentos. Sabatini procedió a desmontar la escalera que había construído en 1765 y fue trasladada a su situación actual. En el espacio de la antigua escalera se hizo posteriormente el Salón de Columnas y dado que la decoración (exceptuando el fresco del techo) y tamaño de ambas estancias eran idénticas ya que para ambas Sachetti había planeado las escaleras, simplemente se limitó a reconstruirla sin cambiar ni el diseño ni sus dimensiones.

Los escalones de la escalera, fabricados en mármol de San Pablo (Toledo), están labrados cada uno en una sola pieza de cinco metros de longitud y escasa altura, teniendo por tanto un ascenso poco pronunciado. La balaustrada de los dos tramos superiores está adornada con sendos leones de mármol obra de Felipe de Castro y Roberto Michel. La bóveda está decorada con estucos blancos y dorados y el Triunfo de la Religión y de la Iglesia, obra de Corrado Giaquinto, pintor que fue mandado llamar por Fernando VI.

Salón de Columnas

La arquitectura de esta sala es exacta a la de la Escalera Principal, ya que fue la caja de la doble escalera proyectada por Sachetti. Se utilizó para la celebración de bailes y banquetes hasta el año 1879, cuando, al fallecer la reina María de las Mercedes, primera esposa de Alfonso XII, se situó en dicho salón su velatorio y se decidió construir un nuevo salón de baile, que también se utilizaría como Comedor de Gala, función que conserva actualmente.

Por otra parte en este salón se celebraba durante el Jueves Santo el ceremonial del «Lavatorio y Comida de Pobres», durante el cual el rey y la reina, ante grandes de España, ministros, cuerpo diplomático y jerarquía eclesiástica, daban de comer y lavaban los pies a veinticinco pobres.

En este salón suelen celebrarse conciertos con los Stradivarius Palatinos. En él se celebró el 12 de junio de 1985 la firma del Acta de Adhesión de España a las Comunidades Europeas. Hoy en día el Salón de Columnas es utilizado para recepciones con numerosos asistentes, como el vino de honor posterior a la pascua militar y al discurso al cuerpo diplomático y el encuentro de embajadores de España.

Salón de Gasparini

Realizado durante el reinado de Carlos III, está considerado uno de los más hermosos salones del palacio y ha llegado hasta nuestros días prácticamente sin ningún retoque. Por diferentes motivos se tardaron alrededor de 40 años en la conclusión del programa decorativo.

Era el lugar donde el rey se vestía en presencia de la corte, según la costumbre de la época. Su decoración, realizada por Matías Gasparini, presenta grandes originalidades del tipo chinoiserie en estilo rococó. Cabe destacar el reloj situado sobre la chimenea, obra de Pierre Jacquet Droz, con autómatas vestidos a la moda del siglo XVIII que bailan cuando, al dar las horas, un pastor sentado toca la flauta. Con sus ciento cincuenta metros cuadrados, es uno de los mayores salones del palacio.

En las cenas de gala que ofrecen los reyes se sirven en este salón el café y los licores.

Saleta de Porcelana

La Saleta de Porcelana tiene paredes y techo completamente recubiertos de placas de porcelana sujetas a un armazón interior de madera, ensambladas de tal forma que sus uniones quedan disimuladas entre adornos de telas y tallos imitados en porcelana.

Decorada entre 1765 y 1770, es obra de la primera etapa de la Fábrica de porcelana del Buen Retiro, la de mayor esplendor, y se atribuye a José Gricci, Genaro Boltri y Juan Bautista de la Torre, los mismos autores que realizaron el Salón de Porcelana del Palacio de Aranjuez, si bien la Saleta del Palacio Real es de un estilo rococó más próximo al neoclasicismo, con el uso de unos colores más sobrios. El suelo fue dieñado por Gasparini.

Comedor de gala

Con una superficie de cuatrocientos metros cuadrados, ocupa el lugar de las tres habitaciones que conformaban el cuarto de la reina María Amalia de Sajonia, esposa de Carlos III, quien nunca los llegó a utilizar por fallecer antes de su finalización. El actual salón, ordenado hacer por Alfonso XII para ser usado como salón de baile y nuevo comedor, se utilizó por primera vez con motivo de su segundo matrimonio, con María Cristina de Habsburgo-Lorena, en el año 1879. Está decorado con tapices de Bruselas del siglo XVI, tibores de porcelana china del siglo XVIII y piezas de porcelana de la villa francesa de Sèvres.

En la estancia se encuentra una gran mesa de ochenta metros de largo que puede llegar a albergar a doscientos comensales. Según la antigua tradición, los reyes debían sentarse en uno de los extremos, pero el protocolo moderno dicta que lo hagan en el centro de uno de los lados. En la actualidad es utilizado cuando el rey ofrece cenas de gala a jefes de Estado extranjeros o en recepciones con gran número de asistentes. Los almuerzos tienen lugar en el Comedor de Diario, que está en el lado opuesto del palacio.

Salón de Espejos

Este elegante salón de estilo neoclásico era usado como tocador por la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, reinado durante el cual fue concebido y decorado, se trata de uno de los salones más bellos del palacio. A ello contribuyen los zócalos de mármol rosado y los paramentos de las paredes, cubiertos de una fina ornamentación de estuco en la que predomina el blanco y el azul. Los grandes espejos que dan nombre al salón están guarnecidos en oro y azul, coronados por estucos blancos sobre fondo azul y rodeados con decoración de motivos vegetales.

Cabe destacar el velador central, de caoba y bronce dorado, realizado por Thomiere en 1788. En tiempos de Alfonso XIII esta sala era utilizada como salón de música. La estancia también contiene una estatua en mármol que representa a la infanta María Cristina de Borbón, hija de Alfonso XIII, cuando era niña.

Salón del Trono

Conocido en el siglo XVIII como Salón de Embajadores, del Besamanos, de Reinos o de Audiencias, aún conserva la decoración original tal cual fue concebida por Gazola y Natali. El salón está presidido por dos tronos con las efigies de los actuales reyes de España y son una copia exacta del trono de la época de Carlos III. Las paredes estás tapizadas en terciopelo rojo de Génova con orlas de estilo rococó de plata dorada bordadas en Nápoles. A ambos lados del trono se sitúan cuatro leones de bronce dorado realizados para Felipe IV y que, junto a otros ocho que están en el Museo del Prado, fueron empleados en la decoración del Salón de Reinos del anterior alcázar.

Decoran el salón doce consolas doradas de estilo rococó acompañadas por otros tantos espejos hechos en Italia, si bien las mencionadas consolas y los marcos de los espejos se terminaron de montar en la Real Fábrica de Cristales de La Granja. Tanto los espejos como las consolas presentan diferente diseño dentro de una unidad de trazado. Fueron diseñadas por Ventura Rodríguez para ocupar el mismo lugar donde hoy en día siguen colocadas. Representan, junto a los espejos, las cuatro estaciones del año, los cuatro elementos y los cuatro continentes conocidos hasta aquel momento.

Otras piezas importantes son las estatuas, algunas de ellas realizadas en Roma por discípulos de Bernini y traídas por Velázquez por encargo de Felipe IV. Las arañas que iluminan el salón datan de la época de Carlos III, fueron realizadas en plata y adornadas con cuentas de cristal de roca tallado engarzadas en hilo de plata. En la bóveda destaca la alegoría pintada por Tiépolo en 1764 y que representa «La Grandeza de la Monarquía Española».

Carlos IV tuvo la intención de cambiar la decoración de la estancia aunque finalmente no se llevó a la práctica, todavía se guarda el proyecto de Sabatini y del decorador Dugourc fechado en 1790.

Es en el Salón del Trono donde el rey celebra la Pascua Militar y su tradicional discurso al cuerpo diplomático. Por otra parte cuando se celebran cenas de gala, el rey y sus invitados (jefes de Estado fundamentalmente) reciben el saludo o besamanos de los miembros del Gobierno y convidados a la cena.

Real Capilla

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Es uno de los puntos más interesantes desde el punto de vista arquitectónico de todo el Palacio. Situada en el centro del lado norte de la planta principal del palacio, tiene su acceso desde la galería que rodea el patio central.

Sachetti realizó un primer proyecto pero Fernando VI se decantó finalmente por el presentado en 1749 por Ventura Rodríguez, por entonces ayudante del primero. La Capilla fue realizada entre 1750 y 1759. La planta es de tipo central o elíptica, estando coronada por una cúpula de media naranja. A cada uno de los ángulos que describen la planta, salvo el atrio, que presenta pilastras negras que imitan el mármol, se encuentra adosada una columna de mármol negro, hasta un total de dieciséis, de una sola pieza. Estas columnas están coronadas con capiteles en estuco dorado. La distribución de la capilla es clásica: al este se sitúa el altar mayor, de mármol; al norte el altar del evangelio; al oeste el órgano y el atrio es el vestíbulo. Los asientos reales se sitúan en el lado norte, próximo al altar mayor, que está a su derecha.

El pintor Giaquinto fue encomendado para diseñar y dirigir los trabajos de la decoración de la Real Capilla y el mismo pintó los frescos de la capilla y del atrio. Los ángeles del tambor fueron realizados por Felipe de Castro. Sobre el altar mayor hay un cuadro del arcángel San Miguel. San Miguel triunfando sobre los ángeles malos de Bayeu, bajo el altar del evangelio se encuentran las reliquias de San Félix, y encima el cuadro de La Anunciación, de Mengs. El dosel y los sillones de los soberanos son de la época de Fernando VI y fueron realizados en raso blanco con bordaduras de plata y sedas de colores. El órgano, construido en 1778, está considerado como una auténtica obra maestra. Se conservan en la Capilla los restos de San Félix, el cual está representado en una figura de cera dentro de nicho acristalado.

En tiempos recientes la Capilla Real ha sido utilizada para funerales de la Familia Real Española sirviendo como capilla ardiente en abril de 1993 para Don Juan de Borbón, conde de Barcelona y en enero de 2000 para María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias, condesa de Barcelona. En noviembre de 2000 se celebró un te deum en esta capilla para conmemorar el 25 aniversario de la proclamación de Juan Carlos I como rey de España.

Real Biblioteca

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La Real Biblioteca ocupa el ángulo noroeste del palacio y consta de dos plantas, amuebladas con librerías de caoba. Sus colecciones constan de libros, medallas y monedas en número de 300.000 obras impresas, 4.000 manuscritos, 3.000 obras musicales, 3.500 mapas, 200 grabados y dibujos y alrededor de 2.000 monedas y medallas.

Habitaciones privadas

Son las que utilizaron como residencia propiamente dicha los soberanos Isabel II, Alfonso XII y Alfonso XIII. Ocupan la prolongación hecha por Sabatini a partir de 1772 hacia la Plaza de la Armería y la calle de Bailén, llamada «ala de San Gil». Estas dependencias son de un tamaño menor al resto de las habitaciones del palacio y poseen una decoración más burguesa.

Colecciones

El Palacio Real de Madrid custodia una gran y variada cantidad de colecciones artísticas de la más diversa índole, desde cuadros y esculturas hasta los tarros de la Real Farmacia. Debido a la falta de espacio, muchas de estas obras de arte permanecen en la actualidad almacenadas, por lo que en la actualidad, entre la Plaza de la Armería y la cercana Catedral de la Almudena, se está construyendo, según un proyecto del arquitecto Ricardo Bofill, el Museo de Colecciones Reales. Dicho edificio, que será en parte subterráneo, albergará de manera rotatoria estas colecciones, las más significativas de las cuales son las siguientes:

Los Stradivarius Palatinos

de la colección del Palacio]] En el Palacio se guarda el cuarteto de los Stradivarius Palatinos, el conjunto más importante del mundo de instrumentos realizados por el famoso luthier Antonio Stradivari, compuesto por dos violines, una viola y un violonchelo denominados, debido a su ornamentación, los Stradivarius decorados. Además, también se guarda otro violonchelo del mismo autor datado en 1700. Los instrumentos fueron adquiridos por Carlos IV en 1775.

Pintura

En el Palacio se conservan lo que podrían denominarse «restos» de la gran colección real, puesto que la mayor parte de sus fondos pasaron a formar parte del Museo del Prado en el siglo XIX. Se cuenta que Fernando VII decretó la fundación del Prado para deshacerse de tantos cuadros, pues prefería decorar el palacio con papeles pintados y candeleros, a la moda francesa.

Aparte de los valiosos frescos de Tiepolo y otros, destacan en el palacio varios cuadros de Goya, como dos parejas de retratos, con diferentes atuendos, de Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma. El Prado posee ejemplares de dos de ellos, pero son copias pintadas por Agustín Esteve. De Velázquez hay algún ejemplo de menor interés. Otros autores mencionados en los inventarios son Rubens, Tiepolo, Mengs, Caravaggio (con un famoso cuadro de Salomé), así como Luca Giordano. Retratistas de la corte borbónica, como Louis-Michel van Loo, Winterhalter y Laszlo, cuentan también con una lógica presencia. Watteau, figura clave del rococó francés, cuenta con dos pinturas, de las pocas suyas existentes en España. Las obras están distribuidas por los salones y por una zona habilitada como museo de pintura, aunque es previsible que al menos en parte sean llevadas al futuro Museo de Colecciones Reales.

Escultura

En el Palacio Real las series de escultura son de importancia menor que la de la colección de pintura, pero la serie del siglo XVII procedente del anterior alcázar es de un carácter excepcional. Los principales escultores representados son Gian Lorenzo Bernini, Mariano Benlliure, Antoine Coysevox y Agustín Querol. Sobresale la serie de Los Planetas del Salón del Trono.

Mobiliario

El gran valor del mobiliario del palacio reside en su autenticidad, pues son muy escasos los muebles modernos de estilo en sus salones (situados principalmente en las habitaciones privadas) por lo que corresponden a la época de construcción del palacio y reinados sucesivos, que se muestran en una serie ininterrumpida de estilos rococó, neoclásico, imperio e isabelino. Algunas de las series más importantes de muebles se encuentran en los salones de Gasparini, Trono y Espejos. Cabe destacar la «Mesa de las Esfinges», de estilo imperio y situada en el Salón de Columnas, que fue sobre la que se firmó el ingreso de España en la Unión Europea.

Relojes

Considerada la mayor y mejor colección de relojes de España, también es una de las principales del mundo. La importancia de la colección radica sobre todo en los relojes de época rococó construidos para Fernando VI por el relojero suizo Jacquet Droz. El reloj denominado El Calvario, del siglo XVII y construido en Núremberg, es el más antiguo, mientras que la existencia de un gran número de relojes de época imperio se debe a la afición por estos instrumentos por parte de Carlos IV. También es de destacar, por la riqueza de materiales usados para su elaboración, como oro, plata o marfil, un reloj regalo del presidente de Perú al rey Alfonso XIII en 1906, construido en 1878.

Porcelanas

La colección de porcelanas abarca diversas épocas, estilos y procedencias, aunque las más valiosas son los restos de la vajilla de bodas de Carlos III y María Amalia de Sajonia.

Tapices

Considerada la principal colección del mundo, la colección de tapices se compone fundamentalmente de paños fabricados en Bruselas y en la Real Fábrica de Tapices sobre cartones de Francisco de Goya. Son de destacar los tapices que se encuentran cubriendo las paredes del comedor de gala.

Real Farmacia

Durante el reinado de Felipe II la Real Farmacia se convirtió en un apéndice de la Casa Real, con la orden de abastecerla de medicamentos, función que continúa en nuestros días. La Real Farmacia que existe en la actualidad fue fundada como Museo de Farmacia en 1964. Las salas de destilaciones y las dos salas adyacentes a la farmacia fueron reconstruidas tal y como eran durante los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII. Los frascos son anteriores y fueron realizados en las fábricas de la Granja y del Buen Retiro, existiendo también otros enseres fabricados en loza de Talavera en el siglo XVII.

Real Armería

Considerada junto a la imperial de Viena como una de las dos mejores del mundo está formada por piezas que van desde el siglo XV en adelante. Son de destacar las piezas de torneo realizadas para Carlos V y Felipe II por los principales maestros armeros de Milán y Augsburgo. Entre las piezas más llamativas sobresale la armadura y aperos completos que el emperador Carlos V empleó en la Batalla de Mühlberg, y con los cuales fue retratado por Tiziano en el famoso retrato ecuestre del Museo del Prado. Desgraciadamente, una parte de la armería se perdió durante la Guerra de la Independencia y durante la Guerra Civil Española.

Jardines

en los Jardines del Campo del Moro.]]

El palacio está rodeado por los jardines del Campo del Moro, al oeste, situados entre el edificio principal y la calle de la Virgen del Puerto y cuyos orígenes se remontan a la Edad Media, los jardines de la Plaza de Oriente en frente de la fachada este y por último los jardines de Sabatini al norte, que se extienden hasta la cuesta de San Vicente, de menor extensión y creados en el siglo XX.

Jardines del Campo del Moro

Шаблон:AP Estos Jardines deben su nombre a que supuestamente en este lugar acamparon las tropas del caudillo musulmán Alí ben Yusuf en 1109 durante un intento de reconquista de la plaza de Madrid. Las primeras obras para acondicionar la zona se deben a Felipe IV, durante cuyo reinado se construyeron fuentes y se plantaron diferentes tipos de vegetación, aunque el aspecto general del lugar siguió bastante descuidado. Durante la construcción del nuevo palacio se realizaron diversos proyectos de ajardinamiento basados en los jardines del Palacio de la Granja, pero no se llegó a realizar nada por la falta de fondos, no siendo hasta el reinado de Isabel II en que se comienza un ajardinamiento más serio. En esta época se diseña un gran parque de tipo romántico y se instalan fuentes traídas desde el palacio de Aranjuez. Con la caída de Isabel II los jardines sufren un periodo de abandono y descuido en el que se pierde una parte del diseño y no es hasta la Regencia de María Cristina cuando se inician una serie de obras de recuperación, otorgándole el diseño actual, que sigue el trazado de los parques ingleses del siglo XIX.

De forma ocasional a lo largo de su reinado, como por ejemplo para celebrar su onomástica el día de San Juan, el rey ha celebrado recepciones y cenas de gala en estos jardines durante los meses de verano.

Jardines de la Plaza de Oriente

Al este del palacio se halla la Plaza de Oriente, surgida en el siglo XIX tras los derribos de casas promovidos por José Bonaparte con el afán de proporcionar mayor espacio alrededor del edificio y dignificar sus accesos. De ella precisamente toma su nombre informal el palacio.

Las estatuas de reyes que ornamentan la plaza son algunas de las que estaban pensadas para decorar la cornisa superior del palacio y que acabaron distribuidas por éste y otros lugares de la geografía madrileña y española, creyéndose tradicionalmente que el cambio de ubicación fue debido a su excesivo peso cuando en realidad intervinieron otros factores de índole político.

Jardines de Sabatini

Шаблон:AP Situados en la parte norte, entre el Palacio Real, la calle de Bailén y la cuesta de San Vicente. De diseño francés, son unos jardines de carácter monumental, creados en los años treinta del siglo XX. Reciben la denominación de Sabatini debido a que en este lugar se ubicaron las caballerizas construidas por este arquitecto para servicio del Palacio. Estos jardines están adornados con un estanque a cuyo alrededor se sitúan algunas de las estatuas de los reyes españoles que en un principio estaban destinadas a coronar el Palacio Real. Situadas de modo geométrico entre sus paseos, se encuentran varias fuentes.

Enlaces externos

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Consejos y sugerencias
Moritz Bleiblieb
9 de july de 2013
This place is where you should start your trip through Madrid! Take it as basic lesson in spanish history & enjoy the big offices & living rooms inside, incl the breathtaking Gala Dining Room.
De Madrid al cielo
28 de august de 2010
En la fachada, junto a las estatuas de los reyes de España, pueden verse las de los emperadores Moctezuma y Atahualpa, cuya presencia recuerda los antiguos reinos americanos de la corona española.
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Ubicación
Mapa
Dirección

Calle Bailén, 4, 28013 Madrid, España

Cómo llegar
Horario
Mon-Sun 10:00 AM–8:00 PM
Referencias

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